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   La Inteligencia de Una Tarjeta

Primero las monedas, después los billetes y más recientemente las tarjetas de crédito. La forma que adopta el dinero a lo largo de la historia humana está relacionada no sólo con el avance de la civilización, sino también a prueba de los peligros que aparecen día con día: fraudes, robos cibernéticos, usurpaciones de identidad. Por ello, desde hace más de 10 años, las tarjetas inteligentes han entrado en nuestras vidas en forma de crédito para usar un teléfono público o tener acceso a cuentas bancarias. Sin embargo, estos pequeños dispositivos tienen más capacidades y aplicaciones. 

No todas son iguales


Una tarjeta inteligente es similar a una de crédito. Pero hay profundas diferencias. De entrada, porque la inteligente tiene “algo” adentro, en cambio las de crédito son simples piezas de plástico con una banda magnética, que se puede alterar, borrar o dañar fácilmente. Mientras las compañías emisoras de tarjetas con banda magnética han invertido miles de millones de dólares en sistemas de protección y seguridad, la tarjeta inteligente reemplaza a las redes, guardando la información necesaria.


Las tarjetas inteligentes se clasifican por el tipo de circuito (chip) implantado; las dos categorías principales son: tarjetas de memoria y tarjetas de microprocesador.


Las tarjetas inteligentes de memoria no realizan procesamiento de información alguno. Su tecnología de almacenamiento es EEPROM (Memoria Borrable y Programable) o Flash, por lo que no necesitan de energía eléctrica para resguardar los datos, y cuentan con capacidades promedio de 24 KB, más un KB de RAM y 24 KB de ROM. Esta clasificación se divide en otros tres grupos: las tarjetas de memoria directa, que son las de menor costo; las de memoria segmentada o protegida, que incluyen un control de los datos, pudiendo definir áreas protegidas y libres; y las tarjetas de valor almacenado, como las telefónicas, que poseen 60 o 12 celdas de memoria. Cada una de ellas puede limpiarse conforme se use el crédito, o bien, en algunos modelos, es posible recargarlas.


Por su parte, las tarjetas de microprocesador sí tienen capacidad para alterar datos, además, cada sección puede contener una aplicación o función específica. Dentro de la tarjeta, hay un microprocesador de 8 bits con una velocidad máxima de 5 Mhz, similar a los de las computadoras personales, que organiza la información mediante un Sistema Operativo de Tarjeta (COS), el cual, a través de un código de instrucciones reducido y encriptado, puede controlar el acceso a secciones específicas de la tarjeta. El ejemplo más común de esta categoría lo constituyen las tarjetas de débito que también sirven para telefonía pública, Internet o acceso a la biblioteca de una universidad, simplificando con esto, la cantidad de tarjetas que un usuario porta, a la par de reducir los costos, pues a pesar de ser más cara que las tarjetas de memoria, las que contienen microprocesador y COS, no se desechan continuamente. 


Trabajando en equipo


La tecnología de tarjetas inteligentes no abarca sólo el plástico, la memoria y el microchip; también se necesitan de lectores y terminales. Un lector es un dispositivo asociado a una computadora, el cual sirve para procesar la información que contiene la tarjeta; mientras que una terminal es un aparato independiente que puede tener acceso a los bancos de memoria, el sistema operativo y el microchip. Hay de muchos tipos y tamaños: con interfaz RS-232, PCMCIA, acceso por el disco flexible, puerto paralelo o infrarrojo. El costo de los lectores varía en función del tamaño y capacidad de corrección de errores en la lectura, así como las versiones que soporta de tarjeta inteligente. 
Las terminales normalmente son más complejas, ya que deben procesar la información de la tarjeta sin depender de un equipo de cómputo adicional. Muchas de ellas se pueden encontrar en restaurantes o tiendas, así como en teléfonos públicos.


Compatibilidad ante todo


Para que los diversos modelos de tarjetas inteligentes puedan ser usados con propiedad, existen una serie de estándares que, dependiendo de la aplicación, permiten tanto a los emisores como a los usuarios de tarjetas disponer de ellas en más de un tipo de lector o terminal. Tal es el caso de la norma ISO 7816, emitida por la Organización Internacional de Estándares, o los requerimientos de seguridad en módulos criptográficos que publicó el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST) de los Estados Unidos bajo el código FIPS 140-1.


Algunas empresas, reconocidas mundialmente como líderes en el manejo de transacciones monetarias con tarjetas, como VISA, Europay y MasterCard, tienen sus propias especificaciones para el caso de las tarjetas de memoria con valor almacenado. 
Sin embargo, una de las más novedosas aplicaciones de las tarjetas inteligentes se ubica en el ramo de la telefonía celular. El Comité Europeo de Normalización y el Instituto Europeo de Estándares de Telecomunicación emitieron las normas GSM 11.11 y la ETSI300045, que abarcan los usos de estos circuitos en teléfonos móviles, a partir de lo cual, los fabricantes pueden diseñar dispositivos compatibles entre sí. Cada circuito GSM (Sistema Global de Comunicación Móvil) agrega funciones muy prácticas a los teléfonos celulares convencionales, como son el encriptamiento de las llamadas (haciéndolas más seguras), acceso a redes de datos, servicios de fax y mensajes cortos, así como los tradicionales re-envíos de llamadas, identificación de números, llamada en espera y conferencias multipunto. Toda la información del usuario, libretas de direcciones y teléfonos, sus preferencias de operación y los servicios a los que
tiene acceso se almacenan en el chip de la tarjeta inteligente GSM, que puede intercambiarse en los diferentes aparatos con los que haya compatibilidad.


Más que bancos y teléfonos

Aunque el resguardo de valores monetarios y el uso de telefonía pública fueron los principales motivos para el desarrollo de las tarjetas inteligentes, sus aplicaciones actuales son vastas, desde licencias de conducir con registros de infracciones hasta tarjetas para validación de acceso a servicios de televisión directa al hogar (DTH). Otros usos son: 


Comercio electrónico: cada tarjeta resguarda información de la cuenta personal, crédito disponible y preferencias de compras; esto facilita al usuario sus adquisiciones en Internet, sin tener que llenar interminables formas de registro. Además, para aquellos proveedores que estimulen la lealtad del cliente y le otorguen puntos intercambiables por recompensas, esos bonos se pueden almacenar en la tarjeta, para un rápido canje de los bienes o servicios. 


Educación: con tarjetas inteligentes, muchas universidades pueden identificar a sus estudiantes y empleados, y así facilitarles el acceso a ciertos recursos (bibliotecas, gimnasios, salas de cómputo, etc.), o bien, otorgarles crédito para adquisición de libros, revistas o comestibles. Aplicaciones más avanzadas incluyen el registro de historias académicas, calificaciones, horarios y clases asignadas, además de entrada a servicios educativos en línea, sin necesidad de contraseñas, que se pueden olvidar fácilmente. 


Servicios de salud: las tarjetas inteligentes resuelven muchos de los retos para el cuidado de pacientes y la confidencialidad de sus datos, ya sea en atención de emergencia o consultas rutinarias, puesto que aceleran la identificación del paciente, la portabilidad de los expedientes y la reducción de almacenamientos masivos. Ahora nos encontramos ante nuevas versiones: los circuitos que se insertan bajo la piel y que pueden contener, tanto la historia clínica como los padecimientos y alergias. Tan solo en Alemania, cada ciudadano posee una tarjeta inteligente para su seguro médico.


Las tarjetas inteligentes seguirán evolucionando y marcando un ritmo de vida, donde la tecnología es puesta al servicio de la humanidad, simplificando el traslado de información valiosa con altos niveles de confianza y seguridad.


Para más información:
http://www.cardlogix.com
http://www.eurosmart.com

Autor: José Fabián Romo Zamudio (josefrz@servidor.unam.mx)

 

 

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